jueves, 27 de junio de 2013

Perón Perón - Ironías en mi vida

Que un amigo mío haya tomado las riendas del restaurante Perón Perón, que se coma bien y barato, que esté decorado políticamente justicialista y que muchos peronistas vayan a comer ahí es la mayor de las ironías con las que me castiga el karma en vida.



Gonzalo Alderete es un cocinero salteño amante de los sabores, los aromas, y todo lo que tiene que ver con nuestras raíces, o más bien, sus raíces... y no hablo del jengibre. Conocí a este cocinero antes de que se ponga las pilas con el manejo integral del restaurante peronista-palermitano, ya sabiendo qué enfoque tiene él en su cocina.




Hago hincapié en esto porque creo (o al menos quiero creer) que no hay malos cocineros de oficio, sólo tienen diferentes enfoques. Comparto mucho la forma en la que cocina Gonzalo, porque también aprendí a cocinar en casa y después perfeccioné y pulí ciertos detalles. Mi costumbre me lleva a valorar platos que recién ahora empezaron a ponerse de moda. Hace un par de años comías siempre Sushi o algún salteado asiático. Hoy pareciera ser Hipster comer guiso de lentejas.



Moda o no, me gusta que muchos platos tradicionales estén hoy en las cartas de los restaurantes. 



Escribo sobre el restaurante que maneja un amigo mío porque tengo la libertad de ser sincero hasta con mis amigos. Es simple, el que es petiso, es petiso, el que es feo, es feo, el que es peronista, es peronista.



No se imaginan lo que me cuesta escribir sobre una comida tan buena teniendo que dejar de lado mi rechazo al peronismo. Obviamente que éste no es un lugar para debatir sobre política, para eso tenemos Polémica en el Bar o los programas de chimentos. Pero quería hacer esta aclaración porque vale la pena saber que la comida suma más puntos de los que resta la afinidad política decorativa del restaurante.



A diferencia de otros pseudo-peronistas, éste es un restaurante realmente peronista. Lo digo porque acá se come bien y barato. Hay varios restaurantes peronistas nacidos con toda esta militancia neo palermitana de la mano de jóvenes con exceso de tiempo libre. Varios de esos tienen precios proporcionalmente elevados al producto que ofrecen.



No es el caso de Perón Perón. Acá es donde me gusta la coherencia entre el plato, el precio, y la idiosincrasia. La comida es muy buena, el precio es realmente accesible para la clase media (se come a precio de bodegón de barrio, pero a dos pasos de Juan B. Justo y Santa Fe, zona por excelencia con precios elevados) y la idiosincrasia es respetada: la carta, tanto de platos como de vinos, y la decoración, es bastante peronista.



Antes de ponerme a escribir sobre este lugar hice un focus group enviando a amigos y conocidos (cada cual se pondrá en el grupo que le calce) para comer en este restaurante. Después les pregunté y, sumados varios positivos, me di cuenta que podía escribir sobre un lugar con la subjetividad de conocer al dueño, pero con la tranquilidad de saber que mi opinión era la correcta.




De esa forma me sentí libre al opinar sobre las empanadas de ossobuco, sí, empanadas rellenas con ossobuco braseado, con la carne que se te deshace en la boca mientras el juguito se filtra entre los labios y las mejillas. Una cosa esplendorosa. Ni hablar de la empanada de carne cortada a cuchillo, con papa, como toda hermosa empanada salteña. Aquí un truco de la casa: agitar la empanada dos o tres veces para que los jugos se mezclen bien...



El ossobuco es una carne económica y sabrosa que requiere de tiempos de cocciones largos, buen manejo de sus líquidos y un control puntual para evitar que se queme mientras está al fuego. Este corte es el caballo de batalla del restaurante, especialmente para ese pastel de papas con ossobuco braseado, que por un lado mantiene los jugos y por otro calma ese contenido de líquido, sabor y grasa, el bocado junto a la papa.


Si querés probar el ossobuco en su máxima expresión, lo mejor es pedirlo al plato acompañado con polenta, tan peroncho que Evita se lo pediría cualquier domingo de invierno.



Uno de mis platos preferidos es el pollo a la cazadora, en una ollita de barro, cubierto con masa que se hornea hasta quedar crocante y sirve para mojar los juguitos que largan tanto las verduras como el gallinaceo, mientras empinamos el codo con una copita de vino.



Probé desde canelones de verdura (a veces hay que optar por algo más o menos fácil de digerir si sabés que estás por tomar una botella entera de vino) hasta la bondiola braseada, un clásico de la gastronomía porteña que todos piden, porque todavía quedan un par de lectores de revistas de moda que sienten la necesidad de comer bondiola porque mirá si van a comer guiso, los pobrecitos...



Amo que la carta tenga a la entraña como plato ya que es, a mi gusto, el mejor corte vacuno que se puede consumir acá. Elijo siempre este corte para darle de probar a un extranjero, porque cuando el turista no sabe qué comer, tiene que comer entraña. Lástima que sea tan complicada de conseguir.



Podemos hablar de platos, precios accesibles, decoraciones de izquierda con fotos de un militar, y todas esas cosas que parecen ser interesantes, hasta que llegamos a los postres de "el Perón", como lo bautizamos "lo' pibe' del barrio".




Los postres de Perón Perón son algo tan pero tan glorioso que hay gente que sólo va a comerse un postre en este restaurante. No es joda, y me juego las ciento y pico de crónicas culinarias que escribí a que el flan hecho con crema y leche condensada que hace Florencia (la mujer de Gonzalo) es uno de los mejores flanes que vas a haber probado en toda tu vida. 


Entre cocaína y ese flan, lo quiero con dulce de leche.



También, en temporada, saca unos membrillos cocidos dulces en rodajas que son incompatibles con diabéticos o muelas cariadas. ¡Ojo! No los coman pensando que son más sanos que el flan, no. Tienen toneladas de azúcar, así que pídanse ambas cosas y compartan.



Si querés un postre más humilde podés pasar por el arroz con leche, que lleva el logo peronista en canela, algo divertido para la foto, siempre y cuando estés a favor de cantar la marcha y gritar Viva Perón, unas dos o tres veces durante la noche.



Si la noche te parece hermosa, recordá que podés llevar tu vino y pagar el descorche. Cuando quiero saber que tomar, le pregunto a Francisco y leo las recomendaciones de su blog, La Logia Petit Verdot, porque como dicen los tanos: Chi beve vino, campa cent'anni!






 
El Guerrillero Culinario

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5 comentarios:

Gastrosaurus Rex dijo...

Muy buena la nota! me dieron ganas de ir a conocer este lugar.

Anónimo dijo...

Es buenísima la comida! Y eso que fui y no soy peronista. Vale la pena!! y comparto la experiencia del flan...

Anónimo dijo...

Es buenísima la comida! Y eso que que fui y no soy peronista. Comparto la experiencia del flan...

Cristian Ariel Gonza dijo...

Mi querido, siempre genial usted.

Abrazo

Loco Incurable

Andy dijo...

Ese flan es eeeeeeeepico.
Tremendo.

y la comida tambien, obvio.
Aunque, de hecho, no pude terminar el pastel de papa y lo almorce.
Si, recalentado tambien la rompe.