jueves, 1 de mayo de 2014

Bogotá (보고타 식당) - Mi coreano favorito ♥

La cosa es así: confiá en mí sin chistar, porque de otra forma no entrarías nunca por la puerta de Bogotá 3588, en el barrio textil de Floresta.

Sí, ya sé, la casa de fachada lisa, color celeste-verdoso-cyan, con una puerta de chapa blanca, las ventanas con rejas y percianas bajas, la desprolijidad de la cuadra entre los pedazos de tela, y el movimiento de la gente, todo eso te tira para atrás a la hora de tocar el timbre y empujar del picaporte al ritmo de la campanilla que te habilita a entrar.

Pero hacelo. De corazón hacelo.

La primera vez que fuimos a Bogotá (보고타 식당) fue buscando por la web direcciones de restaurantes coreanos cerca de casa. Vi que la dirección coincidía con nuestras expectativas de comer dentro del radio de las 5 cuadras, porque los gordos de mente, primero que todo, son vagos.

Llegamos y vimos la fachada del lugar, a lo que Nana me pregunta: ¿será acá? y, ni lerdo ni perezoso voy y toco timbre al mismo tiempo que respondo: ¡da igual, tengo hambre, espero que acá me den de comer!

Y nos abrieron la puerta. Sábado, medio día, la gente que caminaba con sus bolsas llenas de ropa de los cientos de negocios que hay en el barrio, y nosotros ahí, entrando por un pasillo vacío de decoración, a un mundo diferente. Porque la sensación es esa: entrás a otro país.

Si bien varios de los mozos son de habla hispana, los (y las) que cocinan, sumado al encargado, son coreanos de pura cepa. 

Te sentás donde te parezca más cómodo, obviando encontrar ventanas con lindas vistas, salvo una pecera con una tortuga de plástico simulando ser la decoración más hipster del recinto oriental. Alguna que otra planta que no requiere ni luz, ni agua, ni vida, para ambientar las mesas lisas, las sillas tapizadas en cuerina ecológica, y el individual de cartón con dibujos al mejor estilo packaging del sudeste asiático. De fondo 3 cuadritos de la década del setenta, esos paisajes tipo tridimencionales, que se habían puesto de moda, como todo mal gusto de la gente que no sabe en qué gastar su dinero.

Dentro de esa panorámica te pedís el cerdo picante para compartir, le pedís un arroz adicional, y una cerveza de siete cincuenta, o una Coca de litro y medio. Y dentro de los 5 minutos aparece el mozo con 7 o 9 platitos diferentes que van a servir de acompañamiento para el principal, un colorado y aceitoso cerdo bien picantón, medio agridulce. 

Y te traen una sopa, que suelo dejar para el final así me barre los sabores. Comienzo colocando algo del cerdo sobre mi arroz, elijo del contenido de uno o de dos de los bols con comida, y tomando con la mano mi cuenco metálico con arroz lo elevo cerca de mi boca e intento con los palitos meter dentro la carne, el arroz y el resto, mientras ronroneo porque soy feliz probando esas cosas tan ricas que hacen estos chabones.

Después resulta todo similar, siempre colocar el contenido de varios platos en el cuenco y seguir comiendo. No sirve de nada que te diga qué es lo que te van a servir, porque si te explico no lo comerías.

Mejor es hacer la experiencia propia y aprender que somos lo que nuestra mente deja liberarnos a la hora de ser felices.


El Guerrillero Culinario

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1 comentario:

eduardo david Rodriguez dijo...

me vendiste bien. compro. voy a ir. gracias!!